Oráculo n. 6

El funcional está de moda. El problema es el argumento con el que lo venden

Elle recomienda el entrenamiento funcional para mujeres de 45. La dirección es buena. El motivo que dan, quemar más calorías, no.

7 min de lectura Fuerza

Esta semana el entrenamiento funcional ha llegado a Elle con artículo propio. En Activ, donde trabajo las tardes, doy tanto clases de circuito funcional como entrenamiento personal. En el segundo, las máquinas aparecen cuando tiene sentido para esa persona. Lo que sigue no es solo lectura de estudios: es lo que veo y corrijo de forma habitual.

El titular

Más allá del barre: el entrenamiento funcional es el que está de moda entre las mujeres de 45 años para quemar más calorías y mejorar la fuerza

Lo que tiene de cierto

El artículo acierta en lo fundamental: el trabajo sobre patrones de movimiento reales —agacharte, empujar, tirar, girar, mantener el equilibrio— tiene una transferencia directa a la vida diaria que el entrenamiento en máquinas aisladas no siempre tiene.

La justificación fisiológica también es sólida. A partir de los 45 hay pérdida de masa muscular, descenso de densidad ósea y mayor rigidez articular. Un entrenamiento que trabaja en múltiples planos, que exige coordinación y estabilidad, y que integra fuerza y capacidad cardiovascular tiene sentido para esta etapa.

Y es verdad que es muy adaptable: ajustando carga, velocidad o complejidad, el mismo patrón sirve para una principiante y para una deportista avanzada. Eso tiene mucho valor cuando el punto de partida de cada persona es distinto.

Lo que la noticia se calla

"Funcional" no es sinónimo de ejercicios con tu propio peso o cargando peso libre (mancuernas, kettlebells...)

Este malentendido está en casi todos los artículos de fitness. Lo funcional no describe un tipo de material ni un tipo de clase. Describe cualquier entrenamiento que mejore tus capacidades físicas para la vida: fuerza, equilibrio, movilidad, coordinación, resistencia.

Una persona que empieza con máquinas guiadas, gana fuerza inicial, aprende a ejecutar bien los movimientos y nota que sube escaleras sin esfuerzo... está haciendo entrenamiento funcional. Aunque las máquinas sean poco fotogénicas.

Voy a ser directa con algo que me encuentro de forma habitual: para muchas mujeres que llegan con exceso de peso, el trabajo de piernas sin máquinas es, sencillamente, durísimo. Una sentadilla con el peso corporal ya puede ser un esfuerzo máximo. Una prensa o una extensión de cuádriceps permiten ajustar la carga con precisión, ganar fuerza real en esa musculatura y progresar sesión a sesión. Cuando no hay máquinas, hay que buscar picas, correas y apoyos para reducir la carga del propio cuerpo. No es la imagen del artículo de Elle, pero es lo que tiene sentido para esa persona.

El resultado de esta confusión es que muchas lectoras van a asumir que si el circuito con kettlebells no es para ellas, no tienen alternativa. La tienen.

El problema de las calorías

"Para quemar más calorías" aparece varias veces en el artículo como argumento central. Lo entiendo: vende en un titular. Pero es el encuadre equivocado, y seguir usándolo tiene consecuencias reales.

Las calorías que gastas en una sesión de entrenamiento son una consecuencia inevitable de moverse, no un objetivo. El organismo no trata de maximizar el gasto calórico: trata de mejorar su fuerza, su potencia, su capacidad cardiovascular, su control articular. Esas adaptaciones son los objetivos reales del entrenamiento. El gasto calórico viene solo.

Y si lo que buscas es gestionar el balance energético, el ejercicio es una herramienta muy ineficiente para eso comparado con lo que haces el resto del día. El movimiento cotidiano no programado —caminar, estar de pie, moverte en casa— tiene mucho más peso acumulado que una hora de clase. Una sesión de 45 minutos gasta lo que recuperas con media tarde de estar sentada.

Seguir vendiendo el ejercicio como "quemador de calorías" mantiene a la gente atrapada en una relación disfuncional con el entrenamiento. Entrenas para compensar lo que comes. Cuando no entrenas, te sientes culpable. Cuando entrenas, comes más porque "te lo has ganado". El círculo no lleva a ningún sitio.

Confundir intensidad con densidad

El artículo describe las clases funcionales como ejercicio dinámico con descansos breves y trabajo cardiovascular entrelazado con fuerza. Eso está bien descrito. Pero hay una confusión que aparece cuando se llama a esto "alta intensidad".

Intensidad, en términos de entrenamiento, tiene un significado específico: cuánto peso mueves en relación a lo que eres capaz de mover. Un ejercicio es de alta intensidad cuando te aproximas a tus límites reales de fuerza o potencia. No tiene que ver necesariamente con lo mucho que jadeas.

Lo que estas clases suelen tener es alta densidad: pocos descansos, muchos ejercicios encadenados, demanda metabólica elevada. Eso te cansa y te sube las pulsaciones. Pero no es lo mismo que levantar cargas cercanas a tu máximo.

Y aquí hay un matiz relevante para quien le interese la salud ósea: el estímulo que hace que el hueso se adapte y construya densidad requiere cargas significativas. La investigación de referencia en este ámbito habla de intensidades del 70-85% del máximo. Si descansas poco entre series, no puedes mantener esas cargas de forma segura a lo largo de la sesión. Alta densidad significa, en la práctica, menos intensidad —y con ella, menos estímulo real para el hueso.

A eso se añade un factor logístico que rara vez se menciona: en una clase con muchas personas, material compartido y espacio limitado, no siempre hay barras con discos ni suficiente variedad de cargas para que cada participante ajuste lo que necesita. El resultado habitual es que todo el mundo trabaja con cargas bajas y muchas repeticiones. Para adherencia y condición física general, estupendo. Para construir densidad ósea de verdad, insuficiente.

Para alguien que ya lleva tiempo entrenando y conoce sus pesos, el formato funciona muy bien. El problema es la principiante. Cuando llegas a una clase sin saber cuánto puedes mover, tienes dos salidas: quedarte muy por debajo de tu capacidad (y no progresas) o pasarte (y no completas la sesión). Y añadir fatiga cardiovascular entre ejercicios de fuerza complica aún más la gestión: muchas veces el esfuerzo respiratorio lleva a sacrificar la técnica.

Las clases de circuito funcional no son malas. No son el primer paso para todas.

Mi lectura práctica

Si llevas tiempo entrenando y conoces tus capacidades: los formatos de circuito funcional son una opción excelente. Dinámicos, completos, con buena adherencia.

Si empiezas de cero o llevas años parada: considera un formato donde tengas un plan claro —sabes cuántas series, cuántas repeticiones y con qué carga—, puedas progresar de forma medible y no dependas del factor sorpresa. Puede ser una clase dirigida, una app estructurada o trabajo con alguien que te ayude a establecer tu punto de partida. Puede que incluya máquinas. Eso no lo hace menos funcional.

Y respecto a las calorías: no elijas cómo entrenas en función de cuántas crees que vas a quemar. Eso no es un criterio de entrenamiento. Es un titular.